Un Mañana Lleno De Esperanza
George & Kathy Ross
Era el invierno de 1979. Mi esposa Kathy y yo estábamos regocijándonos por el nacimiento de nuestro primer hijo. Lo llamamos Nathaniel Ara Ross. Yo trabajaba en una fábrica en el turno nocturno para poder cubrir los gastos. De noche, cuando llegaba a casa, siempre revisaba a Nathaniel. Aquellos días preciosos estaban llenos de gozo y asombro.
Alrededor de la época del nacimiento de Nathaniel, un búho se posó justo detrás de nuestra casa. Mi papá lo consideró un mal presagio; esto no era sorprendente. Siendo de ascendencia abenaki, le habían enseñado a temer esas cosas. La vida para nuestro pueblo abenaki había sido muy difícil. Muchas generaciones atrás, nuestro pueblo fue atacado por colonos británicos y tuvieron que huir a Canadá. Un brote de viruela cobró muchas vidas allí, incluyendo la de los padres de mi tatarabuelo.
Con el paso de las generaciones, el alcohol se volvió una manera de sobrellevar la muerte y el dolor que esta traía consigo. ¡Poco comprendía yo que también me enfrentaría a una muerte trágica y sería catapultado a mi propio y agonizante duelo! Al regresar una noche de trabajar, fui a ver a nuestro pequeño Nathaniel, solo para descubrir que nuestro precioso hijo había muerto. Falleció por muerte de cuna con tan solo seis días de vida. ¡Estábamos devastados! El dolor era insoportable.
Mi papá afrontó el dolor de la única manera que sabía: a través del alcohol. Esto mitigaba temporalmente el dolor, pero solo empeoraba nuestros problemas. Una vez, mi mamá vino llorando a pedir ayuda porque él iba a dispararse, así que corrí a su casa. Apenas escapó de la muerte por su propia mano porque luché con él y de alguna manera logré arrebatarle el arma. En su tristeza creía que los pecados de su pasado quizá habían causado la muerte de su nieto. Yo no tenía las respuestas para ayudarlo. Incluso temía que fueran mis propios pecados los que habían traído nuestro dolor. Luchaba con tantas preguntas.
En total desesperación clamé a Dios. ¿Estaría mi hijo en el cielo? ¿Lo volvería a ver? Creo que Dios escuchó mi clamor. Él conocía la angustia en mi corazón. Al concluir el servicio fúnebre de Nathaniel, me dieron una Biblia, la cual leí completamente, de principio a fin.
Cuando leí 2 Samuel 12:23, descubrí que Dios había registrado la historia de otro padre desesperado que, como yo, había perdido a su hijo recién nacido. El rey David había ayunado y orado toda la noche, y aun así su hijo murió. David llegó a la conclusión de que su hijo no podía volver con él en esta tierra, pero algún día se reuniría con él en el cielo.
Dios usó esta promesa de esperanza junto con otras Escrituras para ayudar amorosamente en mi proceso de duelo. Dios también usó los cuidados de un amigo cristiano en mi trabajo para ayudarme a entender más de la Biblia. Aprendí que podemos descansar en el carácter de un Dios justo y recto, quien hace responsables a los hombres por medio de Su creación y la conciencia del hombre (Génesis 18:25; Romanos 1:18-32). Creo que Dios recibe con gracia a aquellos que mueren en la infancia—no por su propia inocencia o mérito—sino por la sangre derr mada de Jesús en la cruz (Efesios 2:8-9). Como David, podemos esperar una reunión con aquellos que mueren en la infancia. La esperanza de una reunión futura solo se encuentra en Cristo.
Aún tenía muchas preguntas. Quería estar absolut-mente seguro de que yo también podría ir al cielo para reunirme con mi hijo. Comencé a entender lo que Dios requería de mí para saber con certeza que iba a ir al cielo.
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios. –1 Juan 5:13
Mientras continuaba buscando a Dios, aprendí que Él es santo y que nuestro pecado nos separa de Él. Como el resto de la humanidad, yo soy un pecador. Y la paga de mi pecado es la muerte.
Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. –Romanos 5:12
Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. –Romanos 3:23-24
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. –Romanos 5:8
Jesús pagó por todos mis pecados en la cruz. Yo podía aceptar su invitación para recibir el regalo gratuito de la salvación. ¡Esa era la respuesta a mi pregunta! Clamé a Dios por el perdón. Lo proclamé como mi Señor y Salvador.
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. –Romanos 6:23
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. –Juan 3:16
Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. –Juan 3:17
…pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. –Romanos 10:12-13
Comparto nuestra historia y estos versículos contigo para que tú también experimentes el mismo consuelo y esperanza que ahora tenemos a través de una relación salvadora con Jesucristo. ¡Una relación con Dios es verdaderamente la única fuente de esperanza y sanidad! Solo nuestro Creador puede transformar nuestro luto en consuelo. Sus promesas de amor traen alivio y sanidad aun en nuestras horas más oscuras.
*George y Kathy han dedicado sus vidas a compartir la esperanza y la sanidad que han experimentado a través de Jesucristo. Utilizan la herramienta de la evangelización por radio y medios de difusión alrededor del mundo, alcanzando lugares que de otra manera estarían cerrados al Evangelio.
Gracia para los que Sufren
Se deshace mi alma de ansiedad; Susténtame según Tu palabra. –Salmos 119:28
Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. –Salmos 73:26
Él sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas. –Salmos 147:3
Mis huidas Tú has contado; Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro? –Salmos 56:8
Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová En la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová. –Salmos 27:13-14
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. –Filipenses 4:6
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. –Filipenses 4:7
…Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. –2 Corintios 1:3-4
Yo soy la resurrección y la vida…Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? –Juan 11:25-26
Jesús lloró. –Juan 11:35
Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. –Apocalipsis 21:4
Grande es Tu Fidelidad
Oh, Dios Eterno, Tu misericordia
Ni una sombra de duda tendrá;
Tu compasión y bondad nunca fallan
Y por los siglos el mismo serás.
¡Oh, Tu fidelidad! ¡Oh, Tu fidelidad!
Cada momento la veo en mí.
Nada me falta, pues todo provees,
¡Grande, Señor, es Tu fidelidad!
La noche oscura, el sol y la luna,
Las estaciones del año también,
Unen su canto cual fieles criaturas,
Porque eres bueno, por siempre eres fiel.
Tú me perdonas, me impartes el gozo,
Tierno me guías por sendas de paz;
Eres mi fuerza, mi fe, mi reposo,
Y por los siglos mi Padre serás.
–Thomas O. Chisholm

Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. –Lamentaciones 3:21-23
Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. –Lamentaciones 3:24-25
Mas yo en tu misericordia he confiado; Mi corazón se alegrará en tu salvación. Cantaré a Jehová, Porque me ha hecho bien. –Salmos 13:5-6
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