Manteniéndose Firme En Las Batallas De La Vida

Rhonda Juarez

Me llamo Rhonda Juarez. Soy de Antlers, Oklahoma. Soy miembro de la Nación Choctaw de Oklahoma. Siempre he amado la tierra de mi pueblo Choctaw, donde la tierra es verde. Crecí asistiendo a escuelas residenciales del gobierno, donde estaba rodeada de árboles y pasto. Desde que tengo memoria, me ha encantado vivir donde es verde. Por eso fue difícil para mí mudarme a Albuquerque, Nuevo México, para estar con mi familia. Suena gracioso quejarse de eso ahora—muchos años después. Pero todavía recuerdo cómo se sentía el paisaje “marrón”. Todo lo que podía ver eran rocas, tierra y hormigas—tantas hormigas.

Me río de eso ahora, porque ahora puedo mirar hacia atrás y ver el panorama general. Ahora entiendo por qué el Señor me llevó a Nuevo México. Tenía tantas bendiciones reservadas para mí, pero todo lo que quería hacer era quejarme de las hormigas.

Mi nieta tenía seis años en ese momento. Ella venía a casa de la escuela y me contaba historias de la Biblia que había escuchado de sus amigos. Recuerdo haber pensado que necesitaba llevarla a la iglesia, no solo por mi nieta, sino también por mí. En el fondo, sabía que tenía que encontrar una iglesia para las dos.

Una mañana, pasé por un letrero que decía “Iglesia Bautista India de Todas las Naciones”. Al principio, era un poco escéptico, porque sabía que no había muchos nativos en el área de Albuquerque donde vivía. Recuerdo haber pensado: “Necesito visitarlos algún día, porque quiero ver qué tipo de nativos son estas personas.”

No mucho después de esto, mi hija y yo fuimos al parque para una venta de garaje comunal. Un hombre se acercó y se presentó. No paso mucho tiempo, y nos dimos cuenta de que había sido compañero de cuarto de mi hermano en la Escuela India Haskell. A medida que seguíamos hablando, me di cuenta de que también era el pastor de la iglesia nativa a la que había estado pensando en ir. El pastor y la Sra. Youngdeer fueron amables y cercanos, lo que me hizo aún más interesada en ir a la iglesia allí.

Estaba muy temerosa sobre muchas cosas durante este tiempo en mi vida, pero algo de esta iglesia se sentía seguro. Había crecido asistiendo a la iglesia, pero no había hecho de la iglesia una prioridad como adulta. Así que decidí que intentaría ir a la iglesia de nuevo—y que llevaría a mi familia conmigo. Para nuestra sorpresa, nos hicieron sentir como en casa. Pronto, nos convertimos en “miiembros constantes.”

Al principio, fui a la iglesia por mis nietos. Quería que tuvieran una base para conocer a Dios mientras eran jóvenes, para que tuvieran algo en que apoyarse cuando fueran mayores. Sabía que enfrentarían muchos problemas a lo largo de la vida, incluso en la adolescencia, y sabía que necesitaban a Dios en sus vidas.

Pero aún sabía, en el fondo, que necesitaba a Dios tanto como ellos. Esto se me hizo claro un miércoles por la noche cuando estábamos en la iglesia en la casa del Pastor Youngdeer. Él me hizo esta pregunta: “Rhonda, si murieras hoy, ¿sabes a dónde irías?” Pensé que sabía la respuesta, pero algo en mi corazón me hizo detenerme y pensar profundamente en ello. Mi pastor dijo que el hecho de que tuviera que pensarlo podría significar que aún necesitaba ser salva—o que necesitaba rededicar mi vida al Señor. Le había entregado mi vida al Señor cuando era niña, pero podía mirar hacia atrás en muchos años de desviación de Dios, Su Palabra y Su pueblo—la Iglesia. Así que esa noche redediqué mi vida al Señor en la casa del Pastor y la Sra. Youngdeer.

Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. –Romanos 10:13

Por alguna razón, estaba pensando que mis problemas empezarían a desaparecer después de aceptar a Dios en mi vida. Recuerdo haber esperado el día en que ya no tendría problemas, o al menos no tendría problemas nuevos. Pero todavía tenía problemas. Tenía problemas familiares, problemas laborales, problemas financieros—problemas de todo tipo. Estoy muy agradecida de que nuestra iglesia nos enseñara lo que dice la Biblia sobre seguir a Jesús—que no es fácil (Mateo 16:24-26).

Mi vida sería un desastre espiritual sin la predicación pública de la Palabra de Dios y el aliento del pueblo de Dios. Seguir a Jesús es imposible sin una familia de la iglesia local. Me gustaría compartir un pasaje de la Biblia contigo que nuestra iglesia en Albuquerque estudió junta hace muchos años. Mi vida nunca ha sido la misma desde que alineé mi corazón con estos versículos.

En el capítulo 6 de Efesios, el Apóstol Pablo pinta una imagen sobria de la guerra espiritual que nos rodea a nosotros y a nuestras familias todos los días. Nos desafía a ponernos la armadura espiritual de Dios como parte de nuestra rutina diaria. Ha habido muchos días como madre soltera y abuela en los que he salido corriendo por la puerta sin mucho tiempo para prepararme para el día, dejando atrás cosas opcionales como joyas. Pero hablando espiritualmente, no podemos permitirnos salir por la puerta sin prepararnos para vivir en un mundo roto.

Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. –Efesios 6:10-13

Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos. –Efesios 6:14-18

Ponerme la armadura de Dios todos los días ya no es opcional para mí. Es en realidad más importante que asegurarme de que mi cabello y mi atuendo se vean bien. Incluso en días en los que todo parece estar bien, me despierto a un mundo que está sufriendo y que es dañino. Al pasar tiempo en la Palabra de Dios y en oración, tengo el fundamento del Evangelio necesario para mantenerme firme cada día.

Lo primero que se nos dice acerca de esta armadura es que viene de Dios. Jesús usó la armadura primero (Isaías 59:14-21). Cada pieza de armadura listada en Efesios 6 es una representación de lo que Dios nos otorga cuando colocamos nuestra fe en Jesús. De eso tratan los capítulos 1-3 de Efesios: el firme fundamento que podemos te er a través de Cristo. La Segunda mitad de Efesios (capítulos 4-6) trata sobre mantenerse firme sobre esefundamento. Dios ha provisto la armadura, y ahora se nos ordena mantenernos firmes en la línea del frente de una batalla invisible (pero muy real).

…y habiendo acabado todo, estar firmes. –Efesios 6:13

Cinturón de la Verdad: El enemigo quiere que cuestionemos qué es correcto y qué es incorrecto. El enemigo quiere que sigamos nuestros corazones en lugar de estabilizar nuestros corazones con la verdad de Dios. Por eso Dios nos ha hablado claramente, equipándonos con la Biblia. Estamos llamados a construir nuestras vidas sobre la verdad de Dios (Mateo 7:24-29) y encontrar libertad en la verdad de Dios (Juan 8:32). También estamos llamados a vivir vidas de veracidad e integridad. (Lee Salmo 119; Juan 14:6; 17:17)

Coraza de Justicia: El enemigo quiere que caigamos en la desesperación y olvidemos que hemos sido justificados ante Dios a través de la sangre de Jesús (Romanos 5:1-11). El enemigo también quiere que vivamos en derrota espiritual y apatía pecaminosa, exponiéndonos a más ataques y desdichas. Por eso Dios nos dice que descansemos en la justicia de Cristo y no en nuestras propias obras (Efesios 2:8-9). Desde este firme fundamento en la gracia de Dios, estamos llamados a vivir vidas que Dios pueda bendecir y usar para bendecir a otros. Los hábitos piadosos actúan como armaduras corporales, protegiendo nuestros corazones de ataques letales. (Lee Proverbios 4:23-27; Romanos 13:11-14)

Zapatos de la paz del Evangelio: El enemigo quiere que perdamos nuestro apoyo en el lugar donde Dios nos ha colocado. Quiere que cuestionemos el poder de Dios para salvarnos y usarnos en esta batalla. Por eso necesitamos la firme base del Evangelio—hecho histórico que Jesús derrotó el pecado en una cruz de madera hace 2,000 años y luego derrotó a la muerte al resucitar de la tumba la mañana del domingo siguiente. Recordar el panorama general nos brinda estabilidad espiritual durante las batallas de la vida. Estamos en paz con Dios a través de la sangre de Jesús, y Dios puede darnos una paz hoy que es más fuerte que nuestras circunstancias. (Lee Juan 16:33; 1 Corintios 15:3-4; Judas 1:24-25; Romanos 1:16-17; 5:1-2; Filipenses 4:6-7)

Escudo de Fe: El enemigo es paciente. Si no es extinguido, sus flechas encendidas desmantelarán nuestra fe a lo largo de meses o incluso años. La fe es tomar a Dios por Su Palabra y vivir una vida que solo tiene sentido si las buenas nuevas del Evangelio son verdaderas. En lugar de confiar en los valores cambiantes de este mundo, estamos llamados a estar con el pueblo de Dios contra los ataques y distracciones del enemigo. (Lee Hebreos 10:23-25; 1 Juan 5:4; Efesios 2:1-9; Hebreos 11)

El Casco de la Salvación: El enemigo quiere que dudemos y nos desanimemos, olvidando el glorioso futuro que nos espera. Dios quiere que sepamos con certeza dónde pasaremos la eternidad (II Corintios 13:5; I Juan 5:11-13). Si has nacido de nuevo (Juan 3), tienes protección para tu mente. En Cristo, tenemos libertad del poder del pecado hoy y de la presencia del pecado para la eternidad. (Lee 1 Tesalonicenses 5:8-9; Juan 6:37-40; 10:27-30; Filipenses 1:6, 28; 4:6-7)

Espada del espirítu: El enemigo quiere que seamos torpes y poco hábiles con nuestra espada. No es una amenaza para él mientras esté acumulando polvo en la estantería, fuera de la vista y fuera de la mente. Mientras estaba bajo un ataque triple por parte del enemigo en Mateo 4, Jesús citó la Palabra de Dios. Leer, estudiar y memorizar la Biblia nos prepara para el combate. (Lee 2 Corintios 10:3-5; Hebreos 4:12; 2 Timoteo 3:16-17).

Oración Vigilante: El enemigo quiere que estemos desconectados y solos en el campo de batalla. Quiere que hagamos todo menos orar durante los momentos decisivos de nuestras vidas. Es por eso que nuestra vida de oración debe ser consistente, vigilante, específica y saturada de Biblia. La oración es cómo ajustamos nuestra armadura para la batalla de cada día. Y nuestra armadura no está completa hasta que hayamos reclutado un equipo de guerreros de oración (Efesios 6:18-20). Las peticiones de oración son cómo podemos apoyarnos mutuamente en la batalla. (Lee 1 Pedro 5:7-11; 1 Timoteo 2:1-8; Romanos 12:12)

Legado de Amor: Debemos luchar contra nuestro verdadero enemigo—el diablo. Debemos advertir con amor a aquellos que aún están ciegos por sus mentiras (2 Corintios 4:3-6). Necesitamos la armadura de Dios, y nuestros hijos también la necesitan. Como madre y abuela, no hay mayor legado que puedo dejar a mis hijos y nietos que una fe que se mantiene firme mientras estoy a su lado. (Lee 3 Juan 1:4; 2 Timoteo 2:24-26)

Al llevarme a Albuquerque en Su momento perfecto, el Señor cambió completamente mi vida. Él sabía exactamente lo que estaba haciendo todo el tiempo. Me enseñó a amar lo que es verdadero y a oponerme con amor a lo que es falso. Una relación cercana con Dios trae belleza y esperanza a la vida diaria, especialmente en días cuando todo lo que Podemos ver son rocas y tierra—y hormigas.

Rhonda Juarez

Rhonda Juarez (Choctaw) ha conocido al Señor durante más de 30 años. Le encanta compartir su historia y estudiar la Biblia junto con otros miembros de la tribu.

Qué Firme Cimiento

¡Cuán firme cimiento se ha dado a la fe,
De Dios en Su eterna Palabra de amor!
¿Qué más él pudiera en Su Libro añadir,
Si todo a Sus hijos lo ha dicho el Señor?

“No temas por nada, contigo Yo soy;
Tu Dios Yo soy solo, tu ayuda seré;
Tu fuerza y firmeza en Mi diestra estarán,
Y en ella sostén y poder te daré”.

“La llama no puede dañarte jamás,
Si en medio del fuego te ordeno pasar;
El oro de tu alma más puro será,
Pues, sólo la escoria se habrá de quemar”.

“Al alma que anhele la paz que hay en Mí,
Jamás en sus luchas la habré de dejar;
Si todo el infierno la quiere perder,
¡Yo nunca, no, nunca, la puedo olvidar!”

–Selection of Hymns de Rippon, 1787

(Copyright 2026)

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